Jorge Mestre, termina su segundo año de voluntariado con DVI y hace un balance de su experiencia. Agradecemos a Jorge para esta reflexión muy profunda. "Espero y deseo que esta carta la encuentre bien de salud, así como a Patrizia y a todos los voluntarios que se encuentran esparcidos por este globo y a cuantos DVI envía a la Misión. Hermana, ahora que ya he terminado mi segundo año de voluntariado, creo que ha llegado el momento de hacer un balance, un resumen de aquello que fue la experiencia. Creo que es también esencial describir qué es ser voluntario con las Hermanas Misioneras del Rosario o que es serlo en Oecusse, en Timor Leste."Antes que nada, recuerdo que esta Congregación de carisma misionero comenzó su apostolado en Perú, viviendo en condiciones austeras, donde predominaba el vacío y lo imprevisible. No se trataba (como ahora se trata) de dar continuidad a un trabajo comenzado, todo lo contrario; aprendieron y optaron por “sobrepasar” los parámetros eclesiásticos de entonces, rebelándose como primera
congregación femenina a adoptar una actitud de entrega misionera, anunciando la Palabra a quienes la esconocían y transmitiendo un carisma Dominicano invocado por la Historia de la forma más humilde y humana posible, con su vida y obras para dar una respuesta necesaria y urgente a las diferentes vicisitudes de la existencia humana.
Para mí como laico, se vuelve evidente declarar que fue y considero esencial el hecho de haber conocido algo de la historia y del carisma de la Congregación antes de llegar a Timor, los cuales me fueron presentados por las hermanas. La hermana Provincial de Portugal, Deolinda Rodríguez me los dio a conocer cuando yo quise ser parte de DVI como voluntario.
Así, convencido de que me sentía identificado con el Carisma de la Congregación, esperaba que mi ayuda (por más insignificante que fuera) pudiera ser diferente.
Cuando llegué me encontré con una realidad dura, con una realidad chocante que nos impide cuestionar el porqué de tanta cosa y nos hace sentir impunes ante la realidad.
En el primer año de voluntariado, presencié muchas cosas, algo que mi escasa capacidad de preveer no me sugería.
Se me presentó una realidad, una casa, donde residen muchas chicas jóvenes, un paisaje bellísimo donde se oculta una realidad más cruda y deshumanizada. Para mi había una distancia que me separa de Dili, la capital, tanto como una distancia que me separaba de mí mismo y de mi capacidad de interpretar lo que yo sentía. Debo concluir que ahora vine a Timor para hacer una “experiencia” más que para vivenciar una realidad. En este mundo donde una realidad es de color de rosa, nuestra actitud sólo puede ser una actitud de entrega específica de acuerdo con aquello que nos apetece hacer. Entregándonos a lo imprevisible que nos ofrece cada día y a la oportunidad que nos hace probar el por qué de nuestra vida.
No escogí ver chicas jóvenes morir de hambre como yo he visto. No escogí relacionarme con las personas que hacen comunidad conmigo, ni tampoco con todas las otras con quienes me cruzo en el camino día a día… y que se relacionan conmigo.
En misión no se elige, porque quien entrega su vida aunque por un tiempo limitado, no elige a quien amar, sino se deja llevar por la voluntad de Dios y las oportunidades que el amor lleva consigo.
Al final de mi primer año de misión, recibí la propuesta de trabajar en Lisboa en el mismo centro donde están las hermanas. Es un centro insertado en una comunidad caboverdiana, en medio de la pobreza al estilo de la Congregación. Ha sido una experiencia increíble que me ha permitido ver la otra cara de la moneda. Allí me quedé seis meses, con la idea de regresar a Timor para seguir adelante con el proyecto.
Como saben, regresé a Timor y volví a vivir la misma misión. Ahora el año de servicio como laico se esta acabando y como no tengo vocación para la vida religiosa, no he podido considerar la opción de quedarme como voluntario.
Unas veces Dios cuida mucho de nosotros y por eso unas sorpresas se pueden revelar en nuestra vida cotidiana. Una de estas sorpresas me llegó precisamente aquí donde estoy, en Timor: una Organización se mostró muy abierta en apoyar el trabajo de la Congregación, si podíamos presentar cuatro proyectos para mejor las condiciones de la alimentación de las niñas. Al final fueron aceptados todos y me propusieron trabajar para esta organización como coordinador de los proyectos. Me siento muy agradecido por esta oportunidad. Sigo colaborando con las hermanas y mi tarea será la de llevar las cuentas para la Organización durante el desarrollo de los proyectos y ser responsable de los pagos y de la coordinación de la obra. He aceptado esta propuesta, la cual llegó unos días antes de que el contrato con DVI se terminase. Entonces, aunque mi experiencia como “voluntario de DVI en misión” se terminó, sigo siendo parte de este proyecto porque, como he dicho muchas veces, todo esto no habría podido ocurrir sin su ayuda y su apoyo. Por eso considero a DVI como un elemento fundamental que me ayudo a vivir los dos años mejores de mi vida. Nada de todo esto habría pasado sin DVI, por eso me siento y siempre me sentiré agradecido.
Agradezco a DVI también por seguir enviando voluntarios a esta misión, como Leonardo (voluntario Italiano que empezó a finales de enero del 2012). Leonardo se está acostumbrando a ser voluntario en Timor: esta experiencia es muy diferente de la que tuvo en Colombia por 4 años trabajando con los niños, ser sicólogo aquí no es nada fácil. Aquí no hay nada que hacer para descansar cuando tienes un poco de tiempo libre. Solo tenemos a la naturaleza, a la que Leonardo aprecia mucho. Fuimos juntos a Dili para su visa, todavía no logramos terminar el proceso, aquí la burocracia es muy complicada.
Bueno, me despido enviándoles un abrazo desde el calor de Timor.
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Ultima actualización (Lunes 07 de Mayo de 2012 07:58)







